sábado, 8 de enero de 2011
Llueve, llueve y llueve
No ha parado de llover. La carretera parecía los ojos del Guadiana, apareciendo y desapareciendo bajo un manto de color plomillo transparente. He comido en mi pueblo, con mi padre. Mientras me contaba historias de su niñez, los dos mirábamos la lluvia en los cristales, tamborileaba el agua como si quisiera acaparar nuestra atención. Disparé.
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